Para que el cuerpo se mueva, salte, corra o pedalee, necesita energía. Pero ¿de dónde viene esa energía? La respuesta está en la alimentación —más específicamente en los carbohidratos, que son transformados por el organismo en un verdadero combustible de alta eficiencia: la glucosa.
En este artículo, explicamos de forma simple y directa cómo el cuerpo produce energía, cómo almacena los carbohidratos y por qué es esencial garantizar un aporte continuo durante el ejercicio físico, especialmente en entrenamientos o pruebas de larga duración.
Todo empieza en la digestión: transformar carbohidratos en glucosa
Cuando nos alimentamos, los carbohidratos (pan, arroz, fruta, pastas, etc.) son digeridos y convertidos en glucosa, el principal sustrato energético para los músculos y el cerebro. Cada gramo de glucosa proporciona cerca de 4,1 kcal —energía vital para el movimiento y el enfoque mental.
Pero el cuerpo no usa toda la glucosa de inmediato. Lo que no es necesario en el momento es almacenado en forma de glucógeno, en dos lugares estratégicos:
● Hígado: para mantener la glucemia estable entre comidas o durante el esfuerzo.
● Músculos: para uso local, durante la contracción muscular intensa.
La moneda energética: el ATP
La glucosa que entra en las células musculares es utilizada en un proceso llamado glucólisis, que culmina en la producción de ATP (adenosín trifosfato) —la "moneda de cambio" de la energía celular.
El ATP es lo que permite a los músculos contraerse, impulsar el cuerpo y sostener el esfuerzo. Cuanto más intensa la actividad, mayor la exigencia energética —y más rápido se agotan las reservas de glucógeno.
Las reservas tienen límites: y se agotan
El cuerpo puede almacenar cerca de 2500 kcal en forma de glucógeno. Sin embargo:
● Las reservas musculares se usan exclusivamente por el músculo donde están almacenadas.
● Las reservas hepáticas pueden liberar glucosa a la corriente sanguínea, alimentando varios tejidos —inclusive el cerebro.
Durante ejercicios prolongados, estas reservas van disminuyendo y, si no son reabastecidas, se instala la fatiga, la bajada de ritmo y la dificultad de concentración.
¿Cómo evitar el bajón de energía?
La solución es simple y eficaz: reponer los carbohidratos durante el ejercicio. Especialmente en entrenamientos o pruebas de más de 60 minutos, es esencial garantizar un suministro externo de glucosa para mantener el rendimiento y evitar el agotamiento de las reservas internas.
Comprender cómo el cuerpo produce y utiliza energía es el primer paso para entrenar con inteligencia. Al garantizar un suministro continuo de glucosa —tanto por las reservas como a través de la suplementación durante el esfuerzo— está protegiendo su rendimiento, su enfoque y su capacidad de ir más lejos.
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