Un maratón no es solo una prueba física; también es un reto de gestión energética. Saber cómo y cuándo alimentar el cuerpo puede marcar la diferencia entre lograr un nuevo récord personal o enfrentarse al temido "muro".
Antes de la carrera, asegúrate de tener tus reservas de energía llenas. Durante las 48 horas previas, opta por una dieta rica en carbohidratos y bebe mucha agua. La mañana de la carrera, elige un desayuno ligero unas 3 horas antes de la salida e incluye alimentos de fácil digestión, como pan con miel o un plátano.
Durante una carrera, es fundamental calcular el tiempo de reposición de combustible. La recomendación general es consumir entre 30 y 60 gramos de carbohidratos por hora, comenzando en el kilómetro 8-10. Usa geles energéticos, bebidas isotónicas o incluso fruta, según lo que tolere tu estómago. Combina la ingesta de carbohidratos con agua para facilitar la digestión y evitar molestias.
Después de la carrera, no olvides reponer fuerzas. Una bebida rica en proteínas y carbohidratos ayuda a reparar los músculos y a reponer las reservas de glucógeno. Con una estrategia bien pensada, el maratón se convierte no solo en un reto, sino también en una experiencia inolvidable.